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Y que aproveche y envíe usted la suya expresando: “Si subes tu foto podrás saber qué tan sexy eres a los ojos de los demás y conocer gente de todas partes”.
Son tiempos de nuevas tecnologías; la sociedad asiste a numerosos cambios. Cambios de roles, de educación, de seguridad y una larga lista.
Por ello son momentos de comenzar a ver diferencias y decidirse por cambios de actitud, para que la seguridad que tanto nos desvela, nos encuentre bien informados y no desprevenidos. Fotos, citas, e-mails
En el caso particular de algunos mensajes que llegan a correos electrónicos de personas que viven en Mendoza ( aunque también se da en otros lugares del mundo, no sólo aquí), provendrían de un servidor de Buenos Aires y redirigidos a Estados Unidos. Pero, lo que aquí ocupa a los ciberciudadanos, más allá del tema técnico, es no ser vulnerados en su buena fe.
¿Le interesa a la gente recibir un mensaje con contenidos no solicitados?
¿De una persona aparentemente conocida?
¿Es legal que haciéndose desconocedores de todas las regulaciones contra el spam y sin mencionar articulado ninguno, personas desconocidas le expliquen que el remitente colocó su dirección en esa lista y que le aseguran que no van a divulgar sus datos?
Además, si verifica, siempre le solicitan “hacer click” o contestar, en una dirección web y encargan “no responder a este correo”.
En definitiva, respaldados con “identidades ficticias”; redirigiéndonos a otros sitios y respaldados por correos electrónicos también con datos apócrifos, estas personas llegan a través de Internet a los hogares de miles y miles, tanto en el tema de colocar “fotos sexys y conseguir citas”, como en cuestiones económicas, entre otras.
Basta con figurar por alguna actividad con datos de procedencia, para que los programas capturadores de datos lo coloquen en la lista, en este caso, de los que viven en Mendoza.
Identidad digital y ética
Como siempre manifestamos a través de este espacio, no se trata de polarizar situaciones ni de no hablar de determinados temas, en este caso de ofrecimiento de un lugar donde encontrar fotografías “sexys” y conseguir amigos. Pero de lo que sí se trata, es del derecho de los ciudadanos y ciberciudadanos a no ser sorprendidos en su buena fe. A no recibir correos electrónicos con direcciones disfrazadas; a no recepcionar correos no solicitados ni ser luego víctimas de engaños con material fotográfico. Y a respetar su vida privada.
Internet, la red de las ventajas y las desventajas, que nos acerca y nos aleja -la de las oportunidades y las desigualdades- sigue constituyéndose en la puerta de entrada de oportunidades para gente cuyo negocio podría ser el comercio con actividades sexuales y venta de datos personales.
No sólo el problema del uso del correo electrónico se da en estos temas. Es muy vasta la temática y se puede abordar en otras oportunidades. Recordemos en estos últimos meses cuántas redes de pedofilia han sido puestas al descubierto y que operaban con identidades falsas, comerciando con la vida de los niños.
Estar prevenidos, por el momento, sigue siendo el mejor camino frente a los ciberdelitos que se cometen en la Red. O al menos, a los que se quieren cometer y pueden ser evitados, si tomamos conciencia, que en éste, como en otros temas, la decisión es nuestra.
Ser personas socialmente responsables; conocer que no todo lo que aparece en Internet es científico, pertinente, confiable. Que tras el anonimato se enmascaran aquellos que encuentran en los ilícitos su forma de vida. Y que una buena manera de poder contener estas situaciones -ante espacios en blanco desde lo legal- es justamente el ser ciudadanos responsables.
Entonces, no responder a estos mensajes o ingresar datos en los enlaces (links) que dejan especificados; porque más allá de que no les interese contratar los servicios que ofrecen, al responder les está dando a ellos una confirmación de que usted sí es la persona que dice ser y que la dirección electrónica que ellos tienen es la correcta.
Ojalá que en el próximo correo electrónico podamos decir que “no” a los anónimos de siempre, a los que cometen actos ilícitos porque nunca dan la cara, ni tienen que escribir el nombre y el número de documento de identidad.
Tiempos de nuevas tecnologías, tiempos de cambio ... Tal vez de cambios de actitud, que nos permitan recobrar la esencia de las personas y recordar que la ética existe y que el cambio necesario sería hacer uso de ella.
Autor: Marisa E. Avogadro Gentileza Consultora en comunicación estratégica y seguridad Contacte al autor Pais: Argentina
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